Todos tenemos varias subpersonalidades... ¿Conoces las tuyas?

15 May 2018


El concepto de las subpersonalidades es relativamente nuevo. Dos de sus más importantes precursores fueron el famoso psicólogo y psiquiatra suizo Karl Gustav Jung y el prestigioso psiquiatra italiano Roberto Assagioli. Ellos estudiaron durante años la psique humana y concluyeron que nuestra personalidad no es una sola entidad indivisible y homogénea, como la mayoría de las personas aún creen, sino que es una estructura compleja formada por varias partes o subpersonalidades, cada una con su propio carácter e importancia.

 

El descubrimiento de las subpersonalidades nos ha abierto las puertas hacía una comprensión más real y mucho más profunda del funcionamiento de nuestra mente humana y de la riqueza que guardamos en nuestro interior.
 
¿Qué son las subpersonalidades?


Básicamente, son patrones de comportamiento que nos hacen reaccionar en modo “automático” ante determinadas circunstancias, dándonos la capacidad de transformarnos en diferentes “personas”, según las necesidades del momento. Esto sucede generalmente de manera inconsciente, lo cual nos dificulta superar estas reacciones automáticas y manejar nuestras vidas desde nuestra propia voluntad.

 

 

 

¿Cómo funcionan?


Es como si nuestra mente fuera una gran casa en donde habitan diferentes personas, cada una con sus propios gustos, criterios, deseos, propósitos y maneras de entender el mundo. Y dependiendo de las circunstancias internas o externas, se van turnando el protagonismo en nuestras vidas. Algunas de ellas pueden llegar a sobresalir o a dominar, dependiendo de su fuerza, por encima de otras subpersonalidades nuestras.

 

¿Cómo se formaron?


Su origen se encuentra en el inconsciente colectivo, que es un inmenso disco duro que registra y guarda en la “nube universal” toda la herencia espiritual de nuestra evolución como especie desde hace cientos de miles de años hasta la actualidad: experiencias, aprendizajes, emociones, sentimientos, imágenes, símbolos, conceptos, ideas, creencias, deseos. Todo.

Toda la información de esta gran memoria deviene en una “gran consciencia humana”, la cual se ha organizado en diversos patrones psíquicos llamados Arquetipos, que se expresan de manera fractal y caleidoscópica en la estructura psíquica de cada ser humano. Así, todos estamos siempre conectados al inconsciente colectivo.
 
¿Qué son los arquetipos?


La palabra arquetipo viene del griego (arjetipon) “elemento fundamental, “principio“, “origen“, y τύπος (tipos), “tipo“, “impresión“ o “modelo“, “el modelo principal“).

 

Según Jung, los arquetipos o imágenes primordiales son “formas o imágenes colectivas que se dan en toda la tierra como elementos constitutivos de los mitos y, al mismo tiempo, como productos autóctonos e individuales de origen inconsciente”. No son ideas innatas heredadas tal cual, sino energías vivas, patrones que subyacen a la formación de los símbolos y que se repiten a lo largo de la historia y las culturas, en la humanidad entera.

 

En antiguas culturas como la egipcia, la griega, la maya, la india o la romana, se asociaron estos elementos fundamentales o energías psíquicas básicas con deidades, con fuerzas de la naturaleza y con los astros. 

 

Por ejemplo, lo femenino (el Ánima de C. G. Jung), está asociado a la Luna y a la Afrodita griega y la Venus romana y astrológica. Lo masculino (el Ánimus de C. G. Jung) está asociado al Sol, al mito del Héroe, al Apolo mitológico y al Marte astrológico. Lo Oculto o Lado Oscuro fue asociado a la noche, a Shiva en India, a Hades en Grecia, a Plutón en la Astrología y es “la Sombra” de C. G. Jung. Hay otros arquetipos también, como el Loco, el Mago, la Sacerdotisa, el Ermitaño, la Justicia, el resto de los arcanos mayores del Tarot, y muchos más.

 

Y entonces, ¿Qué son las subpersonalidades?

 

Podríamos decir que son las diferentes maneras en que un mismo arquetipo se expresa en cada persona, ya que cada arquetipo posee un amplio espectro de posibles roles o comportamientos.


Por ejemplo, sabemos que cada persona, independientemente de su sexo, posee una parte masculina y una femenina. Así, por ejemplo, una mujer podría expresar su parte masculina siendo una inteligente y aguerrida política. Mientras otra la expresará tomando el rol de padre y trabajando para mantener a sus hijos. Otra podría ser una valiente viajera que va sola descubriendo el mundo. Y un hombre podría expresar su parte femenina siendo, por ejemplo, un amante de la decoración de su hogar. Otro hombre en cambio, podría expresarla siendo maternal y cariñoso con sus hijos. Y otro podría ser muy sensible, intuitivo, expresar sus emociones y hablar de ello.

 

¿Funcionan como un equipo bien integrado en cada persona?


No, a veces entran en conflicto entre sí, causando en nosotros fuertes dilemas o contradicciones internas que no sabemos resolver. Hay también un fenómeno llamado proyección que sucede cuando tenemos una parte nuestra muy inconsciente aún, o cuando la reprimimos y aparece entonces “afuera”, en nuestro entorno, en forma de “alguien” que nos trae justamente esa energía o subpersonalidad nuestra para que podamos confrontarla, reconocerla e integrarla. 
 
¿Cómo puede alguien conocer las suyas?


Hay varias maneras. Podemos por ejemplo buscar información sobre los arquetipos e intentar identificarlos en nosotros mismos mediante la autoobservación. También podemos pedir a un psicólogo o coach transpersonal que nos ayude a identificarlas. O podemos acercarnos a través del Eneagrama. Y también hay una manera muy efectiva a través del estudio de nuestra carta natal (pero desde la moderna Astrología Humanista o psicológica, pues la astrología tradicional funciona más como oráculo de predicción determinista).

 

¿Y para qué nos sirven estas subpersonalidades?


Ese equipo de personajes, que es nuestra configuración arquetípica personal, sirve a nuestra evolución como individuos. Conocerlas nos permite entender porqué somos como somos, y contemplar nuestra psique como una entidad en constante evolución, con un gran potencial innato a descubrir y a expresar, único en cada persona. Ese potencial es al mismo tiempo parte de un tejido común al que todos pertenecemos y aportamos nuestra valiosa y particular experiencia, formando con nuestros personajes internos la trama, siempre original, de nuestra vida.


 

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